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Conferencia de clausura de Don Julio López-Ambit

 XVI JORNADAS DE LA SOCIEDAD MURCIANA DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA

 

Nombramiento de Presidente de Honor

 

 

El día 10 de Noviembre de 2011, durante la celebración de las XIV Jornadas de nuestra Sociedad, tuvo lugar el nombramiento del Dr. D. Julio López-Ambit Megías como Presidente de Honor.

El Dr. López-Ambit, primer geriatra que trabajó en la Región de Murcia, pronunció durante la clausura un emotivo discurso que todos recordaremos y que ha tenido la deferencia de cedernos para incluirlo en esta página y que ofrecemos a continuación.

XVI JORNADAS SMGG

CONFERENCIA DE CLAUSURA

 

Buenas tardes.

 

Os veo aquí y me satisface el ver que la Geriatría os atrae. Es una gran esperanza. Algunos queréis prepararos para una salida laboral y otros porque os interesan los ancianos y estudiáis la forma de poder atenderlos y entenderlos mejor.

Yo ya llevo muchos años en esto.

Mi padre me hizo cargo de una clientela en la que, la gran mayoría eran personas mayores. También muchas familias con niños pequeños. Algunos, ya mayores, me comentan con cariño que él los veía de pequeños y que aún recuerdan su cara y su bondad  (siempre les daba algún caramelo).

Entre él y yo había una gran diferencia de edad (nos llevábamos 54 años de diferencia). El fue médico en el año 1900 y en su carrera vivió algunos de las grandes descubrimientos del siglo pasado. Tanto médicos como científicos. Y desarrolló un ojo clínico que ahora se compensa con otras técnicas.

 

Por ejemplo. Decía que, cuando tomaba el pulso al enfermo, le cogía la muñeca y sacaba de un bolsillo del chaleco un reloj redondo, grande, de acero empavonado con un filo de oro y la esfera, en vez de agujas, indicaba en cifras las horas y los minutos (gran avance para la época). Pero. Eso sí, llevaba un segundero para poder contar las pulsaciones al minuto. Ahora le ponen al enfermo una pinza en un dedo y ella te mide el pulso, la concentración de oxígeno, una derivación electrocardiográfica, etc. Pero había una gran diferencia de entonces a ahora. Ahora el médico se sale de la habitación y deja a la persona pendiente de unas máquinas, que registran las más mínimas variaciones y avisan si hay peligro. Pues bien, entonces mientras se contaban las pulsaciones en el reloj el médico estaba en contacto directo, al mismo tiempo lo estaba mirando y escuchando lo que le decía esa persona. Se establecía así una corriente de interés, afecto y comprensión que aliviaba más que los medicamentos (entonces muy escasos).

 

Más que la receta, era la charla, El preguntar. El interesarse por su vida y ver la relación que podría tener en lo que le estaba pasando.  

 

Cuando descubrí la Geriatría, no lo dudé, me fui a Madrid a obtener el Diploma (entonces aún no era especialidad). Tuve la suerte de tener unos magníficos profesores y unos no menos magníficos compañeros.  Todos me hicieron comprender que aquella era la especialidad de mi vida.

 

Yo la considero la especialidad más completa de la medicina. Tienes que saber de todo, porque ello te encaminará, primero a un diagnostico, y después no sólo al tratamiento sino a, si es preciso, saber a quien dirigirlo y una vez aclarado todo, poder hacer un seguimiento y vivir de cerca la evolución del proceso.

 

Tienes que tener una psicología muy especial. Saber comunicarte con él. Dar confianza. Dar esperanza, no falsa esperanza. Saber decirles las cosas. Ellos saben mejor que uno como se encuentran. Explicarle lo que les pasa y como y para qué es el tratamiento que se le indica.

 

         Los ancianos son muy agradecidos. Lo primero que te dicen es:”que voy a esperar a mis años…” Ahí entra la frase de Esculapio “Si puedes curar, cura. Si no puedes curar, alivia. Si  no puedes aliviar, consuela”.  Os digo que, la gran mayoría de los pacientes, vienen a que se les consuelen. A contarnos “sus cosas”, a que alguien los escuche y volcar sus temores, sus preocupaciones, sus disgustos. Otras veces quieren escuchar lo que quieren oír e intentan manejarnos. Los hay que por su deterioro necesitan ir acompañados para aclarar lo que les ocurre. Pero lo poco positivo que logremos, lo celebran y lo agradecen.

 

EN GERIATRIA SE PUEDE SER CUALQUIER COSA MENOS PESIMISTA

 

         ¿Quién es viejo?

 VIEJO ES ALGUIEN QUE TIENE 10 AÑOS MAS QUE NOSOTROS.

(Os recomiendo leer el poema de Mario Benedetti  “Cuando éramos niños…”).

 

         Ahora… Los que mantienen bien su memoria, es una gozada hablar con ellos. Porque aunque sean mayores que uno, hemos conocido lugares y personas comunes, hablamos de viejos tiempos. En algunos he conocido hasta cinco generaciones (aunque a los más jóvenes ya no los haya visitado). Lo que más gusto da es que la gente te recuerde y te pare por la calle “¿Es usted D. Julio?”, es que usted vio a mi abuela o a mis padres, o a alguien de la familia o incluso a algún conocido.

Lo viejo no siempre es peyorativo (Viejos libros para leer. Viejos leños para quemar. Viejos vinos para beber y Viejos amigos para conversar.)

 

         Hay muchos que aceptan el envejecimiento y los achaques, pero no están conformes con lo que conlleva. Otros se rebelan y no lo aceptan, y sufren porque su espíritu es joven y no asumen su imagen y sus limitaciones (también es verdad que no buscan rodeos y derivaciones para seguir activos, en cuerpo o en mente y valorar sus posibilidades y sus limitaciones. Otros se encierran su edad y dicen que ya no pueden aprender nada nuevo. Dice el refrán (muy mal dicho) que, “perro viejo no aprende trucos nuevos”, pero dale tiempo y una buena explicación y ya verás (Internet). 

 

Una cosa que  siempre digo es que mi padre despertó en mi, desde bien pequeño y luego la fue estimulando, la curiosidad. El interesarse por todo, fuese lo que fuese. La lectura, la música y sobre todo, la naturaleza. Eso es lo que yo les aconsejo a mis pacientes, que no pierdan la curiosidad, que miren con otros ojos, que lean con otra mente, que hablen, que se comuniquen, que intercambien conocimientos e ideas, opiniones, incluso juicios.

 

Yo aconsejo a los jóvenes que almacenen recuerdos. El dinero, las posesiones. Todo lo que creíamos nuestro puede terminarse o nos lo pueden quitar. Los recuerdos no, esos van con nosotros y en cualquier momento los podemos recuperar y revivir aquellos momentos. Además hay una cosa curiosa, que los recuerdos cuando se evocan, los buenos se magnifican (cualquier tiempo pasado fue mejor) y los malos se quedan en anécdota, se olvidad o incluso se ve que no eran tan malos como nos parecieron en aquel momento. Decía  George Sand que los recuerdos eran el perfume del alma.

 

         Otra cosa. Hay que poner mucho cariño en el trato del anciano. Es algo que perciben enseguida, incluso los que padecen Alzheimer, no saben quien eres, ni te recuerdan, ya a veces ni te hablan, pero perciben quien los quiere y quien no.

Decía el humorista Moncho Borrajo: El amor es de las pocas cosas que en sobredosis no mata.

 

Tocar directamente a la persona. Con la excusa de tomarles la tensión, de auscultarles. Simplemente cogerles las manos o palparles el abdomen. Se establece una corriente entre los dos y se relajan y se dan cuenta de que alguien se interesa por ellos. A veces cuando se van, hasta te besan porque ya te tienen como algo suyo. No rechazar nunca estos gestos.

 

         Pero… No caigáis en el tópico de que los ancianos son como los niños. De ninguna manera. Un niño es una tabla limpia y rasa en la que, la vida irá dejando su impronta, sus huellas, sus marcas. Son las que lo irán formando psíquica y  físicamente.  En el anciano, que ya ha pasado el tiempo, tenemos que tener en cuenta su vida, sus circunstancias, lo que haya podido influir en su personalidad actual y su estado físico.

 

Cuando veáis a un anciano pedid:

 

 CAPACIDAD FUERZA Y PACIENCIA, PARA ATENDERLOS, AMARLOS Y COMPRENDERLOS, A FIN DE QUE A LOS ACHAQUES Y ENFERMEDADES DE LA VEJEZ, NO SE SUME LA ANGUSTIA DE LA SOLEDAD Y EL DOLOR DE LA MARGINACION.

 

Mirarlos a la cara. Ver su expresión y sus cambios según lo que nos cuente. A veces podemos confundir con una depresión un estado de disgusto, tristeza, miedo o dolor contenido.

         Tened en cuenta que: “La incurabilidad es un estado del cuerpo.  La desesperación es un estado del alma.  Los enfermos pueden tolerar la incurabilidad, pero no la pérdida de la esperanza"

 

         Cuando me preguntan que pueden hacer para llegar a viejos con una mejor calidad de vida, recurro a los conocidos versos del Dr. Letamendi:

Vida honesta y ordenada

Tomar muy pocos remedios

Y poner todos los medios

De no enfadarse por nada.

La comida, paseada

Beber con moderación

Ejercicio y distracción

Salir al campo algún rato

Poco ruido, mucho trato

Y continua ocupación

 

Yo, el consejo que doy es: Levantarse con algo por hacer. Acostarse con algo por terminar. Llenar las horas y los días. Y así cada mañana será futuro.

 

 

 

 

 

Siempre que hablo de Geriatría, recuerdo los versos de D. Gregorio Marañón:

 

Uno, dedicado a su esposa

Hoy vamos los dos con paso lento.

Blanca la frente, grave el pensamiento.

Atrás el curso de la vida entera.

Ya puedo llamarte compañera.

 

         Otro, como consejo para una vida

Vivir no es sólo existir.

Sino existir y crear.

Saber gozar y sufrir,

Y dormir para soñar

Descansar… es empezar a morir

 

Porque la mayoría de las veces no disminuyen las facultades, disminuyen las relaciones y entonces uno se aisla y envejece.

 

Para terminar les voy a leer una carta. Carta que muchos conoceréis. Pero conviene recordarla porque es una gran lección de Geriatría. Sobre todo cuando se trata de ancianos en el último trayecto de la vida.

 

Esta carta resume lo que es la última etapa de la vida. Las necesidades y los deseos de cada uno.

 

JULIO LÓPEZ-AMBIT MEGÍAS